domingo, 5 de abril de 2009

Mi casi primera vez

A mis 18 años casi todos mis compañeros de cole ya cargaban con sus experiencias sexuales, menos yo. Que se comían a la prima, que la vecinita de la esquina la chupaba como los dioses o que su polola se hacia la cartucha pero igual no mas prestaba el traste para consuelo… pero yo, NADA! Y no era que yo estuviera urgido, sino que simplemente me aburrían esas conversaciones tan desconocidas para mi alocada adolescencia.

Siempre me pregunte que tenia de bueno… hasta que llegaron mis 21 años… y le conocí. Obvio que le invite a mi casa que pasara la noche por que ya era muy tarde para que se fuera a su casa y claramente no tenia plata para el taxi. Así que hice el show de que iba a dormir en el sillón… que no se preocupara, que estaba todo bien. Pero era una simple simulación para que me dijera:

- noooo… pero como se te ocurre, por ultimo dormimos acá los dos.
- Pero en serio no te molesta? Si yo no tengo problema en dormir abajo. No te preocupes.
- Pero como se te ocurre. Aparte que es tu casa…

Y sin hacerme más de rogar me saque la ropa, escondí el pijama getón y poco sexy que me regaló mi mamá y quede en polera y boxers (los que me había asegurado guardándolos para ésta esperada ocasión). Claro, no parecía un actor de porno español, pero me veía bastante cachondo con ese atuendo.

Y así comenzó, espalda contra espalda… yo tiritando (pero no precisamente de frío) y Ud. muy sonriente contándome que había hecho en las vacaciones de invierno. Pero los tiritones llegaron a tal punto que enredo sus piernas entre las mías y suacate… nos quedamos frente a frente esperando a ver quien daba el primer paso.

- me quieres dar un beso?
- Nooo… na que ver… es que tengo frio (le dije)
- Aaaaa…

(silencion)

- por que yo si…
- (plop!)…

Siempre, pero siempre durante los primeros tres años de universidad había deseado escuchar esa frase, y hay estaba, sin más… cual accidentado del transito se me pasaron todos mis años que amores platónicos y pinchazos esporádicos con gente que no me gustaba y que daba besos baboseados.

- pero solo uno… para saber como das los besos nada más.
- Aaa claro (maldición… yo pensé que después de esto vendría la declaración de amor)

Pero no fue solo uno… sino que varios, muchos… primeramente no me acostumbraba a su rutina besística, pero luego de media hora, el acople era perfecto, incluso mas sincronizados que ballet acuático. Las manos se deslizaban solas, pero cada tanto le hacían el quite a ciertas zonas corporales inexploradas, claro que el rose era atroz, de hecho, hubiera sido mejor ir directo al grano.

A esa altura de la noche ya el pseudo frío se me había espantado absolutamente y el juego para ver como eran mis besos también.

Pero ahora, después de casi dos años desde esa exquisita experiencia, lo veo como un acto tan lleno de inocencia que es casi ridículo pensar que a los 18 se sabe de sexo.